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Discurso de Alberto Conejero para la Graduación de 2º de Bachillerato 2019

En primer lugar quiero dar las gracias al director del centro, José María, y a vuestro profesor Luis por haberme invitado a estar junto a vosotros en este momento de vuestro camino. 

Las graduaciones me recuerdan a los puertos, o a los estaciones de tren, o a las terminales de aeropuerto, porque tienen algo de lugar de llegada, pero también de partida, de final y de inicio de camino;  y porque en las graduaciones, como en los puertos o en las estaciones, sobrevuelan entremezcladas la emoción, la alegría, la esperanza, y también los adioses (o “hasta luegos”) y por qué no decirlo, algo de vértigo y de inquietud por el porvenir.

El porvenir es siempre un lugar desconocido. Nadie acierta la quiniela del destino, así que aquí todos somos aventureros de nuestro futuro.  La educación, sí,  nos da herramientas, brújulas, mapas, para explorar ese inmenso territorio desconocido. A mí me gusta imaginar cada uno de los campos de saber, cada una de las asignaturas, es una herramienta que me acompaña en esta aventura de estar vivo. Cuanto más recursos tenga en la mochila invisible de mi educación, mejor podré enfrentarme a los retos que surgen en mi camino.  Con la educación podemos llegar más lejos, más alto, más hondo; podemos escalar hacia territorios más lejanos, más hermosos; y, ante todo, la educación nos permite cruzar el puente entre lo que somos y lo que soñamos ser. Vosotros acabáis de terminar un trecho importante de ese camino. Ahora vienen otros, igual de apasionantes, igual de valiosos. Cada decisión que tomamos va dibujando al hombre o a la mujer que seremos en el futuro.

Ahora debo haceros una confesión: cuando me ofrecieron hablar ante vosotros dudé de si aceptar la invitación. Mi oficio, que es el poeta y autor de teatro, no es un oficio de esos que llaman “con futuro”. Incluso algunos piensan que esto de la poesía (o el teatro) es inútil, que es un oficio gastado, y que no da “para vivir”. Es verdad que hay mucha gente que no ama la literatura, o que no va al teatro, o que piensa que no hacen falta demasiadas palabras para vivir bien, o que no disfruta con un libro entre las manos, o asistiendo a representación teatral. Con todo, hace muchísimos años, cuando tenía más o menos vuestra edad, yo encontré en la escritura un refugio, un lugar que me hacía sentir feliz, protegido, en el que podía inventar nuevos mundos que me divertían y emocionaban;  en ese refugio yo me sentía pleno, acompañado, realizado. Aún hoy cada vez que escribo siento que vuelvo a ese lugar. Han pasado más de veinticinco años, pero cada vez que escribo siento que vuelvo a ser aquel muchacho tímido y con dislexia, que, sin embargo, se hacía fuerte y feliz delante de un folio en blanco.

Os cuento esto porque lo más importante es que no tuve miedo de seguir mi vocación. Un poeta americano llamado Cummings escribió una vez que “la batalla más importante era la de ser uno mismo en un mundo que nos repite una y otra vez que debemos ser como los demás”.  Es una batalla complicada porque todos tenemos algo excepcional, único, singular, que puede provocar el miedo, el rechazo, e incluso la burla de los otros. Estáis a las puertas de elegir cómo y dónde queréis continuar vuestra educación, y esta vez las decisiones os van a llevar más cerca de vuestro oficio.  Otro poeta, este nuestro, Federico García Lorca, le escribió a su madre que nació poeta como el que nace alto, o bajo, o ciego, y que no había vuelta atrás. Escribió que le dejaran las alas en su sitio que él se encargaría de volar alto. Y es que hay que volar alto. No tengáis miedo. La vida siempre nos da segundas oportunidades; e incluso terceras. Por eso yo os animo a que no tengáis miedo, a que elijáis el siguiente tramo del camino de acuerdo a aquello que os hace únicos y felices.

Esto no es una quimera. Sabéis que os hemos dejado un mundo extraño, desordenado y hostil muchas veces; que las oportunidades tardan a veces en aparecer y hay que pelear y sostener el ánimo. Os hemos dejado también el planeta fastidiado, por no decir otra cosa, y una sociedad muchas veces insolidaria, individualista, que hiela el corazón. Tenéis todo el derecho, incluso el deber, de pedirnos cuentas, de exigirnos la factura de tantos platos rotos.

Ahora bien, vosotros sois futuro. Tenéis la oportunidad de haceros mejores y hacernos mejores.  De elegir aquellas profesiones que os hagan amar cada día que amanece, de ayudaros los unos a los otros, porque sólo estando juntos bien podremos estar realmente bien; tenéis, porque estáis a tiempo, la oportunidad de ser más honestos, más responsables de lo que fuimos nosotros; de cuidar este mundo escacharrado que os hemos dejado y demostrarnos que vosotros sois la oportunidad que necesitamos. Llegarán momentos complicados, de dudas, de obstáculos, de zancadillas. Otro poeta, José Agustín Goytisolo, le escribió estos versos a su hija “La vida es bella, ya verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos”. Y luego “Nunca te entregues, ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo, y aquí me quedo. Otros esperan que resistas, que les ayude tu alegría”.

Continuad, permitidme el consejo, vuestro camino con alegría. La alegría es un escudo luminoso. Cierro mi intervención con los versos de otro poeta, este griego. Se llamó Cavafis. Este Cavafis escribió un poema que os invito a leer y que se llama “Ítaca”, que nos recuerda que es más importante el viaje que el destino. “Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. [,,,] Pide que el camino sea largo. Que sean muchas sean las mañanas de verano en que llegues, con qué placer alegría, a puertos nunca vistos antes.”

Así también yo os deseo que en la aventura que iniciáis después de vuestro paso por este instituto lleguéis con alegría puertos nunca vistos antes.

Alberto Conejero

24-V-2019

Manuel Melero

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