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Discurso de José María Vaquero, director, en la graduación de Bachillerato 2019

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…

Queridos alumnos y queridas familias, con estas palabras comienza García Márquez Cien años de soledad. Desde siempre me han parecido de una belleza extrema y, la verdad, uno a veces, no sabe muy bien por qué unas cosas le parecen bellas y otras no… Las volví a leer hace poco y me produjeron un temblor de aguas en la frente y fue emergiendo exacta, la limpia imagen de una Idea (son palabras de Vicente Aleixandre, ya quisiera yo que fueran mías). Una Idea que tenía que ver con la última frase del texto García Márquez: “el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…”. Así, cristalizó una cierta Idea de las palabras y los nombres que me he permitido convertir en un discurso que quiero compartir con vosotros en este día tan especial…

“el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”… Así, con el dedo, comenzó a acercarse al mundo el niño que habéis sido, señalando con el dedo. El deseo de saber, del que habla Aristóteles al inicio de la Metafísica, propio de cualquier niño trata de acercarse al mundo a través de sus dedos, en concreto del dedo índice, de forma deíctica, y hace esto porque todavía no puede hacerlo con las palabras. El niño, cuando no puede nombrar, apunta con el dedo (alguno incluso parece que dispara con el dedo). ¿Por qué lo hace? Los niños, quizá es un producto de su voluntad, utilizan sus dedos por el deseo, quizá debiésemos decir necesidad, de saber. Así, como en el pasado os lo habéis encontrado vosotros (y todos nosotros) se encontró el mundo Aureliano Buendía, sin nombrar.

Sin embargo, afortunada o desafortunadamente, el mundo que nos rodea está nombrado, quizá incluso hipernombrado. Tenemos nombres para todo y para todos, nombrar es conocer, es clasificar, es distinguir lo que nos rodea. Es, queridos alumnos, pasar del dedo a la palabra… 

Nombrar es, a la vez, conocer y distinguir. Nombrar es un acto artificial y sublime, aunque también fieramente humano, que decía Blas de Otero. Nombrar es, sin más circunloquios, posicionarse sobre las cosas y el mundo.

Durante estos años que habéis pasado en el Colegio, nuestra intención educativa ha sido proporcionaros herramientas, en forma de conocimiento y valores, para que podáis nombrar el mundo. Cada conversación con vosotros, cada nota, cada enfado, cada comida, cada pizarra llena de fórmulas, cada poema, cada nota musical, cada silencio (qué importante el silencio, como nos ha recordado Juan Mayorga en su discurso de entrada en la RAE), cada una de estas palabras (qué necesario el silencio), cada una de estas palabras han tratado de proporcionaros la mejor formación para que podáis nombrar las cosas por vosotros mismos.

Este ha sido nuestro objetivo colectivo, enseñaros a NOMBRAR LAS COSAS POR VOSOTROS MISMOS, sin que nada ni nadie os impongan el significado de las cosas, sin que nadie sea dueño de vuestro nombrar salvo vuestra propia razón. Espero que algo hayamos conseguido.

Como decía antes, el mundo está hipernombrado. Sin embargo, en numerosas ocasiones, los nombres nos son impuestos por otros y los asumimos sin darnos cuenta… Nos atrapan y se instalan en nosotros sin que seamos conscientes. Nos habitan, en ocasiones, sin que les demos permiso. Contra cualquier forma de imposición irracional, la educación, la de un ciudadano, como pensaban los antiguos griegos, la educación, consiste, sin ambages, en preguntar siempre, a cualquier nombre, antes de dejarle habitar en nuestra casa, cuáles son sus intenciones, de quién depende, para qué viene a nosotros; preguntarle si es honesto o si trata de engañarnos. Los nombres pueden ser lo más hermoso, pero también, si no les preguntamos, pueden ser lo más peligroso tal y como enseñó, para siempre, aquel griego de anchas espaldas llamado Platón, en su lucha contra los sofistas de su época (artificieros del lenguaje y las palabras que huían de la verdad de las cosas). Ahora bien, cuidado, los sofistas siguen existiendo en cualquier sociedad donde el nombrar y la palabra cobran importancia: el bálsamo de fierabrás aún permanece en el mercado…

Vuestra educación debe serviros, en forma de razón práctica, para actuar con honestidad, racionalidad y generosidad. El conocimiento y el análisis, el desenmascaramiento de los nombres no es suficiente: de nada vale entender el mundo si no tratamos de transformarlo; decía Marx, de nada vale entender si no tenemos ante la vida y los demás una actitud responsable, honesta y generosa. De nada vale saber si ese saber no se utiliza para ejercer la justicia. El saber es ciego (y peligroso, como algunos nombres) si no lo utilizamos para hacer el BIEN: en eso, tan fácil de decir, tan fácil de nombrar queridos alumnos, consiste ser personas libres: nombrar para conocer, conocer para actuar, actuar para incidir en nuestro entorno con justicia, para hacer el BIEN. 

Para terminar, voy a hacer algo que contradice todo lo que he dicho hasta ahora. Hasta ahora os he dicho que la libertad es actuar con vuestra razón y no con una razón impuesta, que no os dejéis imponer los nombres de las cosas, pues ahora voy a aprovechar la ocasión para que desde vuestra libertad consideréis las siguientes RUEGOS que, en realidad son máximas morales encubiertas, que me permito, con mucha educación y respeto, pediros que llevéis a cabo. Ya sabéis, la vida es contradicción permanente…

QUIERO PEDIROS que intentéis desde vuestra acción libre y responsable hacer una sociedad más justa, menos irracional que aquella que tenemos delante. NO NOS LA MERECEMOS.

QUIERO PEDIROS que luchéis contra el dogmatismo, contra el fundamentalismo (del tipo que sea), contra la irracionalidad que desgraciadamente nos rodea.

QUIERO PEDIROS que huyáis de la mediocridad a la que estamos tan acostumbrados y que, en ocasiones, no nos damos cuenta que la tenemos presente.  Los nombres, a veces, nos engañan.

QUIERO PEDIROS que no os canséis, en ningún momento, de pensar de forma valiente. Que huyáis de los placeres efímeros, que leáis, que estudiéis, que viváis de forma responsable. NUESTRA SOCIEDAD NECESITA CIUDADANOS ASÍ.

QUIERO PEDIROS que vuestras manos, los dedos de ese niño que habéis dejado ser hace tiempo, expresen a través del trabajo los valores de la cooperación, el esfuerzo y el trabajo.

Y, YA POR ÚLTIMO, QUIERO PEDIROS que sigáis el camino que hemos tratado de mostraros en GSD… LO PEOR QUE LE PUEDE OCURRIR A UNA PERSONA O A UNA INSTITUCIÓN ES EL OLVIDO Y POR ESO, YA NO OS PIDO, OS RUEGO QUE NO OS OLVIDÉIS DE NOSOTROS, aunque como nos recuerda Rafael Rodríguez Rapún en La piedra oscura, obra de nuestro invitado de lujo, nada desaparece para siempre…

José María Vaquero

Director GSD International School Buitrago

Manuel Melero

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